Thursday, November 27, 2008

LA WEB 2.0

LA WEB 2.0
PROLOGO. La inflación lingü ística llamada Web 2.0.
Alejandro Piscitelli. Gerente general de educ.ar
Los autores de esta excelente monografía acerca delPlaneta Web 2.0son los primeros en advertir –junto a Carlos Scolari– la existencia de una ley de Moore semántica que trabaja del mismo modo que la aceleración tecnológica, promoviendo la obsolescencia terminológica planificada. De esa estopa está hecha la Web 2.0 y son infinitos los desafíos, las tentaciones, los logros, pero también las desilusiones que su despliegue está desatando.

1. Fantasías que son realidades y al revés también.

No hay nadie que se diga conocedor impenitente de la Web –mastermind,líder de audiencia interactiva, wizard, gadgetólogo, hombre, mujer o chatterbot que esté donde deba estar y que haga lo que deba hacer para ilustrar e iluminar, para comunicar y para bendecir, para anticipar y ganar– que no pronuncie 20 veces por día las palabras clánicas que identifican al Planeta Web 2.0.Trátese de YouTube o de MySpace, de GoogleDocs o de mashups, de wikis y de blogs.Aunque todos esos –utilizados sólo por una cifra que oscila entre el 5% y el 10% de la población total de la Web– ya son vocablos viejos, amarillentos, apergaminados. Si se quiere ser un trendsetter y un coolhunter, un maverick o un inventor de futuros, las palabras santas hoy son Twitter y Feevy, Diigo y Jumpcut.Si bien muchas palabras/sitios/aplicaciones tienen el tufillo Web 2.0 (Cobo y Pardo han inventariado 46 en Social Networking, 282 en Contenidos, 130 en Buscadores y 152 en Aplicaciones y Servicios (mashups) en el capítulo 2 del libro; más 112 adicionales en el capítulo 5) no podemos poner en el mismo pedestal a aplicaciones menores que son utilizadas por unos miles de usuarios que a las comunidades virtuales de fuste como MySpace (curiosamente ignorada en América Latina) y el propio YouTube.

2. Esa nostalgia permanente de lo nuevo.

Desde hace más de un año el sanbenito de la Web 2.0 no ha hecho más que crecer y crecer. Si hasta hace un tiempo atrás quien no estaba en la Web 1.0 no existía, imagínense ahora, cuando cualquier weblogger que se precie ilustra su sitio de 10 o 20 iconitos que remiten a los usos másabstrusos y supuestamente maravillosos que puedan imaginarse (ellos).En estos días se trata de Feevie que se anuncia como la gran revolución emergente. Pero pasó hace poco con centenares o más de aplicaciones, applets, widgets, plug-ins o lo que más les guste. Como corresponde a toda oleada de híperoptimismo no hace falta que pase mucho tiempo, ni que se planteen demasiadas objeciones, para que un mar de gentedenoste de pronto, lo que hasta ayer otro grupo no menos entusiasta alababa empedernidamente.Entre las maravillas que imaginaban cambiar al mundo estaban los agregadores de RSS, esa fantástica máquina de recuperar información a partir de los tags. Y sobretodo, los sistemas de votación de posts o de noticias, que supuestamente habrían de reemplazar a los editores profesionales, demasiado obsesionados de sí mismos y de sus criterios, por la voluntad popular, el saber colectivo, las multitudes inteligentes y otras apelaciones y denominaciones no menos democráticas, de las que la meritocracia duda cuando de decidir si lo que verdaderamente importa está de un lado o del otro del filtraje y de nuestra atención.

3. Agregando noticias ordenadas por votación de los usuarios.

Más específicamente, en 2006 se pusieron de moda las páginas que agregan noticias de periódicos y blogs ordenadas por votación de los usuarios. Esta tendencia empezó con Digg en Estados Unidos, pasó por la españolísima Meneame, y parió variantes como son Chido o Rankia, un agregador de noticias de Bolsa en México.Desde hace bastante tiempo, diarios reconocidos como el argentino La Nación permiten que los lectores “voten”, dando tráfico y legitimidad a sus páginas. Pero mientras mucha gente –nosotros incluidos– estábamos fascinados y contentos con esta tendencia, no pasó mucho tiempo hasta que comprendimos lo que directamente era un error, garrafal (vemos aquí plantearse un tema central del libro cual es la dialéctica entre la tiranía de los expertos y la sabiduría de los amateurs y viceversa).El problema es que las noticias más leídas o votadas no son las más importantes. Si leemos agregadores nos enteraremos de lo más absurdo, grotesco, extraño, sórdido, chocante, llamativo. Pero paradójicamente, si nos dedicamos a revisar las noticias más leídas o votadas, no nos enteraremos de lo que está pasando en el mundo.Más allá de que coincidamos o no con qué es lo que la gente busca en los periódicos, y aunque concordemos en que en general las votaciones se desvían hacia temas de esta naturaleza, lo que nos llama la atención en este tipo de críticas cada vez más frecuentes es el mecanismo tan usual en Internet de sobrevaloración inicial y de sobremenosprecio final.

4. De poner tantos huevos en una canasta a después romperlos todos y no hacer ninguna tortilla.

Lo que esta crítica pone en tela de juicio son nociones atrevidas como las analizadas por James Surowiecki en La sabiduría de las multitudes o por Howard Rheingold en Multitudes Inteligentes, –citadas como andamiaje conceptual por Cobo y Pardo– acerca de un conocimiento que es más valioso cuando se multiplica, de una capacidad de acercarnos a las verdades cuando lo hacemos en manada, y fundamentalmente de que el conocimiento compartido o distribuido es en promedio mucho más eficiente y preciso que el que puede generar el más valioso o emplumado de los expertos.En general, en estos deslizamientos a favor y en contra, en algún momento en la emergencia u ocaso de un concepto, el fiel se instala en un lugar intermedio. Así, mediante una combinación de tecnologías más refinadas y de criterios de selección sofisticados que los primigeniamente existentes, se llega a resultados inconseguibles manual o análogamente. A la vez que se valorizan el lugar particular de algunas plumas o mentes destacadas y privilegiadas, se eleva consensualmente las opiniones del colectivo.

5. La vieja contraposición entre elite y masa regresó cual retorno
de reprimido a Internet.

A partir de la proliferación de herramientas de comunicación y de expresión, dados los fenómenos de globalización e intercomunicación, habida cuenta de la posibilidad de remixaje y de bricolage de todo lo que existe, con el proceso creciente de digitalización que vemos hoy en día que aumenta todavía más la posibilidad de reelaboración: ¿cómo podríamos suponer –como lo hace la elite humanista ilustrada– que todo tiempo pasado fue culturalmente mejor?Hoy no tenemos tan solo alta y baja cultura, cine nouvelle vague yspaghetti western. Hoy tenemos gradaciones de todo y categorías intermedias inexistentes antes. Es como si de pronto el boxeo hubiese pasado de tener solamente dos categorías: peso pesado y peso pluma, a toda la gama de las que tiene hoy en una gradación variopinta.Con la cultura (el cine, las artes, la literatura, etc.) ha pasado lo mismo. Ya no tenemos sólo best-sellers y clásicos imperecederos. Sino combinaciones inesperadas, libros de calidad, productos valiosos que se replican entre medios (cross-media), autores noveles y productores muy jóvenes que pueden generar todo tipo de criaturas culturales fabulosas, a la vez que seguimos canonizando a los clásicos y vamos a su encuentro con las mismas ganas de siempre.Por eso ni Digg ni Meneame –ni las cientos de herramientas Web 2.0 inventariadas en este libro– son la maravilla que prometían, ni la ramplonería que hoy se les diagnostica. Son apenas formas primitivas de nuevos embriones tecnoculturales que reinventados y reanalizados ofrecerán una potente combinación de la calidad de la vieja cultura analógica (personalizada e individualizada) con la potencia creativa y el valor selectivo y de filtrado(colectivo) de la nueva cultura digital.

6. El libro de Hugo y Cristóbal en la ecología de estas preocupaciones.

Como lo dijimos más arriba, cualquiera que tenga activo un agregador de feeds encontrará noticias, ensayos, propuestas y descripciones de aplicaciones Web 2.0 al por mayor que producen decenas o centenares de referencias diarias, la mayoría anodinas, unas cuantas valiosas, casi ninguna sistematizada.He aquí el valor de este libro que aunque nació reflexionando y practicando en la Web, volvió a refugiarse en el formato papel para ganar un poco de temporalidad, estabilidad, ordenamiento y distancia crítica.A palabra cierta, no es el primero en este formato. Ya la Fundación Auna editó uno hace meses y hay varios que pretenden convertirse en una guía ordenada y explicada del mundo Web 2.0. Pero en el mundo híbridoen el que vivimos lo que cuenta no es tanto la novedad o el incunable, cuanto la habilidad para el bilingüismo (analógico/digital) y sobretodo el valor de la evaluación, el criterio y la importancia del estilo en un mundo que hace rato ha perdido la elegancia y con ello también la capacidad reflexiva y viceversa.Este libro se destaca sobre los weblogs, los papers y los comentarios valiosos que hay en la red por varios méritos. Primero por la arquitectura. Compuesto por siete capítulos redactados a cuatro manos con predominancia de una voz o de la otra alternativamente –pero con una sincronización notable entre ambas– supera por la formación e interés de los autores los reduccionismos que vemos demasiado a menudo en estos territorios.Las cinco nociones básicas de cada capítulo son un destilado de capacidad de síntesis y de señalamiento hacia los puntos más fuertes de cada sección. Las cinco lecturas imprescindibles brindan un apropiado andamiaje para profundizar e ir más lejos. Y las notas, una veintena por capítulo, son precisas, hacen remisiones a excelentes fuentes muchas veces webográficas y en vez de presumir, aceitan, en vez de atragantar, ayudan a deglutir.Aquí no hay sólo enumeración de herramientas, aunque los autores inventarían muchos centenares. Aquí no hay sólo taxonomías enclenquessino intentos de sistematizar con cierta lógica o utilidad. Pero sobretodo lo que aquí no hay es ingenuidad, arrogancia y desconocimiento de la ecología de los medios.

7. Equidistantes de la webofobia y la webofilia.

Nada más lejos de este tour de force que hacer una apologíaindiscriminada de la red y de sus aplicaciones. Los autores le escapan a la pontificación y en ningún momento confunden una aplicación interesante con una revolución paradigmática.Se trata de dos investigadores jóvenes que están empezando a hacer el trabajo del concepto, que practican el aprendizaje colaborativo, pero que sobretodo se rebelan contra las vanidades de mucho discurso encantatorio que cree que las herramientas informáticas cambiarán al mundo automática e irreversiblemente.Los webdosológos revisan los siete principios constitutivos de las aplicaciones We 2.0 según O’Reilly, entre los que postulan a la Web como plataforma y a las experiencias enriquecedoras del usuario como punto de partida. Hace muchos años que Joel de Rosnay con el Cibionte nos anunciaba la emergencia de un cerebro digital planetario. Como tantas intuiciones, estos conceptos recién se han vuelto operativos y genéticos dos o tres décadas más tarde. Enunciados a veces presuntuosos y otras veces ingenuos de la Teoría General de Sistemas, de la Primera Cibernética, de la Inteligencia Artificial y de las Ciencias Cognitivas que tardaron en madurar décadas hoy ven su encarnación en prácticas colectivas masivas.Claro que nada ocurre como fue anunciado, ni todo lo que vemos responde a esos mandatos propios del siglo que ya se está desdibujando.Pero así como los nativos digitales exudan destrezas pero les falta conceptualización, a muchas de esas conceptualizaciones las averió un punto ciego fundamental. Casi siempre fueron pensadas desde arriba hacia abajo, eran todas herederas del pensamiento taxonómico y sistematizador que desde la física de Newton y los principios de Descartes –pasando incluso por el ojo omnívoro hegeliano– quisieron anticiparlo y preverlo todo.Aún así, quien use las herramientas sin pensarlas –como sucede con la infinitamarea de usuarios de la red, que al menos tienen la ventaja sobre sus críticos humanistas de usarlas y no de condenarlas desde la ignorancia y la insensibilidad– están condenados a ser usados por ello.De allí el interés de este libro de acompañar cada flexión tecnológica con su correspondiente torsión cognitiva. Es por ello que en él ocupan un lugar destacado nociones rectoras de la Web 2.0 como son las de intercreatividad de Tim Berners-Lee, la de inteligencia colectiva de Pierre Lévy, la de multitudes inteligentes de Howard Rheingold, la de sabiduría de las multitudes de James Surowiecki, o la de arquitectura de la participación de Tim O’Reilly.

8. Enfoque Web 2.0 de la Web 2.0.

La fortaleza del libro no está sólo en todo lo anterior sino en su filiacióncon un grupo de lecturas críticas pero filotecnológicas de las que hay muy pocas y que plantean de cuajo reapropiarse de la tecnología y al mismo tiempo criticar denodadamente sus dimensiones utópicas.A diferencia de las críticas tradicionales y canónicas de Lewis Mumford y de Jacques Ellul, más allá de los comentarios bien intencionados –pero siempre filotecnofóbicos- de Neil Postman o de Thomas Roszak, o en nuestras pampas de Paula Sibilia y de Christian Ferrer– y totalmente alejados de las implicancias metafísicas de la Escuela de Frankfurt y del propio Martin Heidegger, están apareciendo en las últimas décadas autores que aboliendo el infantilismo utópico, al mismo tiempo están planteando una reconciliación de la tecnología con la naturaleza humana.El ejemplo más valioso es el desconocido José Luis Molinuevo –Catedrático deEstética en la Universidad de Salamanca– quien en una seguidilla de dos obras enigmáticas e inesperadas, cuales son Humanismo y Nuevas Tecnologías (2004) y La vida en tiempo real. La crisis de las utopías digitales (2006) ha mejorado nuestra comprensión sobre estos temas muy por encima de lo que nos regalaron Philippe Quéau y Pierre Lévy, en una dirección cercana a lo mejor que hay sobre la materia que son las obras de Lucien Sfesz y Scott Lash.De esto trata el capítulo bisagra de Cobo y Pardo “Un esbozo de ideas criticas sobre la Web 2.0” donde los autores no tienen empacho en denunciar las falacias y los puntos más débiles de la ideología Web 2.0; desde la prescripción normativa que las mismas encarnan, pasando por la ingenuidad de suponer que a mayor velocidad, más eficiencia y comprensión. En este capítulo se reconoce también el amateurismo y charlatanería que conviven en la escritura colaborativa de la Web 2.0. Y sobretodo ambos prestan atención –algo a lo que sólo el Dr Kietkik le está dando la importancia en estos pagos– a la topología de las redes y a sus leyes de crecimiento y adjunción preferencial que la están volviendo enormemente asimétrica y antidemocrática más allá de declamaciones y entusiasmos infantojuveniles poco creíbles en boca de los adultos que los pronuncian.

9. Usos, abusos, carencias, ilusiones.

La parte final del libro está dedicada a los usos efectivos de la Web 2.0 en el dominio de la educación y en el uso de las tecnologías móviles. En un territorio minado de información fragmentada y de promociones vacías de herramientas que actuarían como varitas mágicas, los autores nuevamente ponen los puntos sobre las íes.Aquí se pone el énfasis en el aprendizaje abierto y se propone una nueva tipología para clasificar las decenas de buenas herramientas (descartando las miles de inútiles) en: blogs –convertidos en el sistema de gestión de conocimiento por excelencia–, wikis - los mejores posibilitadores de la escritura intercreativa– y en los colaboratorios, que son repositorios, espacios de cooperación y plataformas integrales.Este capítulo encierra un valor especial a través del inventario de cuatro experimentos exitosos como son el iCamp, los blogs de Moodle, los podcasts educativos usados a nivel universitario y el m-learning.Si algo les sobra a los autores es perspicacia y audacia para reconocer que en este mundo en movimiento siempre quedamos rezagados. No sólo porque la redacción del libro llevó unos cuantos meses y porque más de un capítulo exigiría alguna revisión constante, sino porque hasta los más adeptos a la Web 2.0 suponemos que en cualquier momento ésta en su conjunto se volverá obsoleta y otras prácticas y tecnologías la reemplazarán con virulencia y encono.En ese sentido el capítulo del cierre del libro con sus 24 testimonios vivos de usuarios intensivos de la Web es más que acertado y rico al cumplir con lo que promete, cual es dejar que otras voces ocupen el lugar de los autores y los azuzen y obliguen a repensar todo lo dicho anteriormente –aunque en este caso muchas son panegiristas y se solazan demasiado en la autocomplacencia.El libro cierra temporariamente su periplo mojando los pies en la problemática de la web semántica. Proyecto aún, este intento de que las máquinas se comuniquen directamente con las máquinas nos retrotrae a la ciencia-ficción y mientras eriza los pelos de algunos, llena de envidia a otros. Como decía Doris Day: lo que será, será.

10. Futuros abiertos, inciertos, dignos de mayor y mejor exploración.

La versión 2.0 de Planeta Web 2.0 deberá ahondar en muchas buenas intuiciones que no fueron aún debidamente desarrolladas. Deberá ser menos taxonómico (a pesar de serlo ya bastante poco) y más reflexivo. Deberá inventariar más casos exitosos y fracasados de usos de estas herramientas y perspectivas. Deberá glocalizar más el análisis y examinar que está pasando exactamente con estas cosas en Belindia (este mundo dual de los países menos desarrollados que combinan en su seno a Bélgica e India cada vez más exitosamente para perjuicio de multitudes). Deberá además mirar mucho más cerca y mucho más lejos.¿Qué pasará con este Planeta Web 2.0 si la idea de Negroponte de una computadora por chico se hace carne, y todos los párvulos se convierten efectivamente en nativos digitales radicales en esos países que hoy sólo la ven pasar? ¿Qué pasará con la red si se impone el protocolo IPv6 y la gratuidad se destruye como uno de sus principios teologales? ¿Qué pasará con los procomunes si los digital right management evolucionan y prosperan? ¿Qué pasará si la gobernanza de la red es arrancada del ICAAN y Estados Unidos y pasa a los gobiernos o a las Naciones Unidas? ¿Qué pasará si nuevas innovaciones radicales como la computación cuántica y el paradigma de Internet son desplazados por tecnologías muy parecidas, pero irrenunciablemente distintas (imaginemos que la Web incluyendo la 2.0 es sólo un neo-Minitel)?

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